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jueves, 16 de febrero de 2017

Las dos orillas | Alejandro Palomas (il. Fernando Vicente Sánchez)





Título: Las dos orillas
Autor: Alejandro Palomas
Ilustrador: Fernando Vicente Sánchez
Editorial: Destino
Autoconclusivo
Páginas: 84









SINOPSIS

Después del éxito cosechado con la publicación de Un perro, Alejandro Palomas y el ilustrador Fernando Vicente se unen en un spin off de la historia que ya ha enamorado a miles de lectores (con tres ediciones y más de 14.000 ejemplares impresos). En lo que será el primer libro ilustrado de las historias de Palomas, nos sumergiremos en la mente de Rulfo durante la celebración del cumpleaños de Fer. Gracias al amor infinito de Rulfo hacia Fer, éste podrá superar por fin la muerte de Max, el gran danés que tuvo antes de adoptarlo a él.

Una historia tierna, entrañable y preciosa que seducirá a todos los seguidores de Alejandro Palomas y que contará con las ilustraciones de uno de los ilustradores de mayor proyección en nuestro país, Fernando Vicente. 

RESEÑA

Bueno, un mes de reposo yo creo que está bien... Y aún así, sigo sin saber cómo expresar lo que me ha hecho sentir esta novela. La leí a principios de enero y me marcó tantísimo que aún hoy me emociono al hablar de ella.

Ya lo dije en mis anteriores reseñas de este escritor: Alejandro Palomas hace magia con las palabras; él no te araña el corazón, te lo estruja, se te cuela dentro y ya no puedes olvidar ninguna de sus historias. Las dos orillas no iba a ser menos.

Este cuentito, porque no es una novela, es un relato más bien, trata de ese lugar al que van nuestros peludos cuando ya no pueden aguantar más a nuestro lado. Da mucha rabia y mucha pena saber que no les vas a sobrevivir, pero no te puedes quedar con una espina, tienes que saber que allá donde van, son felices, y eso es lo que intenta transmitirnos Alejandro Palomas con este relato.

Este cuento transcurre después de Una madre y Un perro. Es una cena que reúne de nuevo a la familia de Amelia, Fer, Silvia y Emma, y además, hay una silla más, una silla vacía pero que realmente no está vacía, ya que las ausencias la llenan. Todos pueden liberar su corazón menos Fer, que tiene una espina clavada desde hace años, cuando no pudo despedirse de su perro Max. Sabe que tiene que sentarle en esa silla, pero la culpa y la pena no le dejan liberarse de esa carga.




Una vez más, Rulfo al rescate será la clave para que Fer entienda que tiene que dejarlo marchar, porque tal y como está, Max no puede ser feliz. Y es que nuestros amigos no pueden ser felices si nos ven a nosotros tristes (es una realidad, quien tenga perros lo verá: ellos notan cuándo tú no estás bien).






Como os digo, es un relato que te remueve el corazón y las entrañas. ¿Vas a llorar? Si tienes perros, probablemente; si has perdido alguna mascota, probablemente; si amas a los animales, probablemente. Pero merece mucho la pena leer esto, porque es muy esperanzador, tiene un efecto calmante, y una vez superada la tristeza, piensas en esto con una sonrisa, sabiendo que estás ayudando a tu mascota a ser feliz a través de ti. Nunca se van del todo...

jueves, 11 de febrero de 2016

Un perro | Alejandro Palomas


(Ficha completa pinchando en la portada)

«R estaba sentado en la alfombra, junto a la cama, exactamente como le había visto la noche de la tormenta que un año antes nos había cambiado la vida a los dos. Me miraba fijamente y jadeaba, inmóvil, como cuando en verano se tumba al sol en la terraza, envuelto en calor.» 

Sentados en una cafetería una tarde de principios de verano, Fer y su madre, Amalia, esperan una llamada que no llega. Durante las horas siguientes, Fer hará lo imposible por ocultar lo que se esconde tras esa temida llamada que puede hacer añicos la calma que se ha instalado en la familia desde que, siendo apenas un cachorro, R llegó a su vida. Pero quizá esa calma sea más precaria de lo que parece. Cuando el teléfono por fin suena, la noche traerá consigo una inesperada compañía, y con ella llegarán un torrente de confesiones, verdades que quizá no lo eran tanto y las cinco letras de un nombre que, tirando del álbum familiar, Fer deberá atreverse a invocar para que la vida vuelva a mostrarle, a él y a los suyos, su mejor versión.

Un perro no es solo el retrato del fascinante vínculo entre un hombre y su perro, sino también un remolino de emociones en el que confluyen una mirada tierna y cruda al universo familiar y un homenaje al amor en todas sus manifestaciones.


En esta novela volvemos a encontrarnos con la familia de Fer, tres años después de aquella cena familiar a la que asistimos en Una madre.
Está narrado, como la anterior ocasión, por Fer; un Fer afligido que echa de menos muchas cosas... que echa mucho de menos, en general.

Los personajes principales no varían, pero los secundarios sí. Unos se van, otros se quedan, y otros... ya no están, pero siguen ahí (tendréis que leerlo para comprender esta parte).
Los personajes, todos, han vuelto a llegarme al corazón, y no son unos personajes cualquieras... son prácticamente como personas. Yo ya los veo como si me los fuera a encontrar. Amalia con sus locuras, Silvia con sus excentricidades, Emma con sus fantasmas, y Fer con su hermetismo son ya parte de mí.

Esta novela vuelve a tener un ritmo sorprendente, y eso que es de esas que tienes que parar porque las emociones no te dejan seguir leyendo, pero a la vez no puedes dejar de leer porque necesitas saber, necesitas acercarte a estos personajes, necesitas conocerlos mejor... Necesitas.




Antes de hablar de cualquier otra cosa, el primer punto que quiero destacar es la forma de escribir de Alejandro Palomas. Además de con una emoción desbordante y con una prosa muy poética (parece contradictorio pero creedme, él lo hace posible), me he fijado en que Alejando Palomas escribe con secretos. Me explico. Primero nos deja caer que hay algo que desconocemos, y no es hasta un par de capítulos más tarde  cuando nos los desvela. Sabemos que va a ser doloroso, y parece que esas páginas que hay entre medias es para que vayamos preparándonos para el golpe.

Como os podéis imaginar por el título, en el libro hay un perro, pero lo importante aquí es la relación que se establece entre este perro y su dueño. Al contrario de lo que se piensa, que tengas un perro, o una mascota, no te convierte en su dueño, solo el animal decide quién es su dueño. 
R es muy inteligente, y la relación que se va forjando con Fer es tan especial y va tan poco a poco... Ser partícipe de esto me ha hecho comprender muchas cosas, cosas que solo se pueden comprender si te abandonas a tu mascota, si te confías totalmente a ella. Cosas que solo experimentas si hay un animal en tu vida.

Otra cosa que quiero decir que es NECESITO (sí, con mayúsculas), un libro dedicado a Emma. Es un personaje con el que he empatizado mucho,  y quiero conocerla más. Por eso hago un llamamiento desde aquí: Alejandro, preséntanos a Emma, déjanos conocerla y  que forme parte de nuestras vidas como solo tú sabrías hacerlo, por favor.

Estoy muy agradecida con este libro, tanto que no sé expresarlo. También estoy rota, pero arreglada. Y aliviada. Y quiero más. 
No dejes de deleitarnos con tu mgia, Alejandro, y dale a R todos los mimos que queremos darle todos los que hemos leído Un perro.


PD: la calificación es para que os hagáis una idea, pero realmente yo creo que este es un libro con un valor incalculable, por todo lo que nos puede hacer sentir.







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domingo, 24 de enero de 2016

Una madre | Alejandro Palomas



El retrato de una ciudad acogedora y esquiva a partes iguales, de una familia unida por los frágiles lazos de la necesidad y del amor y la mirada única de una mujer maravillosa en un momento extraordinario.

Faltan unas horas para la medianoche. Por fin, después de varias tentativas, Amalia ha logrado a sus 65 años ver cumplido su sueño: reunir a toda la familia para cenar en Nochevieja. Una madre cuenta la historia de cómo Amalia entreteje con su humor y su entrega particular una red de hilos invisibles con la que une y protege a los suyos, zurciendo los silencios de unos y encauzando el futuro de los otros. Sabe que va a ser una noche intensa, llena de secretos y mentiras, de mucha risa y de confesiones largo tiempo contenidas que por fin estallan para descubrir lo que queda por vivir. Sabe que es el momento de actuar y no está dispuesta a que nada la aparte de su cometido.
Un cartel luminoso que emite mensajes desde una azotea junto al puerto, una silla en la que desde hace años jamás se sienta nadie, una Barcelona de cielos añiles que conspira para que vuelva una luz que parecía apagada, unos ojos como bosques alemanes y una libreta que aclara los porqués de una vida entera… Una madre no es solo el retrato de una mujer valiente y entrañable, y de los miembros de su familia que dependen de ella y de su peculiar energía para afrontar sus vidas, sino también un atisbo de lo que la condición humana es capaz de demostrarse y mostrar cuando ahonda en su mejor versión.



Una madre es una historia conmovedora, dramática, pero también bastante risueña y enternecedora. Contada en primera persona por Fer, el hijo de Amalia, se nos desvelan secretos, sensaciones, situaciones que nunca nos hubiéramos imaginado.

En la novela aparece un círculo muy reducido de personajes, y aunque esté narrada por Fer, la auténtica protagonista es Amalia, una madre fuerte, que ha sabido sacar a sus hijos adelante aun cuando da la sensación de que ni siquiera puede sacarse ella misma las castañas del fuego.
A la voz de Fer, además de a él, conocemos a Silvia, Emma, Olga, Eduardo y Sara. Unos más presentes que otros, unas ausencias que duelen en el alma incluso del lector, y unas presencias que pueden llegar a doler todavía más.

Tenemos distintos escenarios, pero el más central es el salón de la casa de Amalia la última noche del año. Estamos en una cena de Nochevieja con una familia que tiene secretos, pero que saben que les tocará confesarse tarde o temprano. Duele.

El ritmo es muy ágil, y aunque las lágrimas empañen tus ojos, tienes que seguir leyendo, porque confías en encontrar el sosiego en estos personajes que tan hondo calan. Son personajes tan bien construidos que es imposible no creérselos, son tan... como la vida misma. Con su cara A y su cara B, intentando mostrarse fuertes ante las únicas personas con las que podemos mostrarnos débiles: la familia.



Una imagen vale más que mil palabras:




Y es que...  es increíble. La magia que tiene Alejandro Palomas para envolvernos y transmitirnos los sentimientos es... no sé. Mira que es difícil dejarme sin palabras, pero este autor lo consigue. Ya me pasó con Un hijo, y Una madre ha sido incluso más intenso. ¿Qué va a pasar cuando lea Un perro? Tendré que tener la botella de agua bien a mano...

En Una madre he encontrado de todo: he encontrado puntos muy graciosos que tiene Amalia, he encontrado emoción contenida en todos los personajes, historias muy dolorosas... A lo largo de la novela, se nos va desgranando una pequeña parte de la historia de estos personajes, de cómo se rompieron y cómo los arregló Amalia. Y es que, quién sino una madre puede arreglar a sus hijos, a pesar de lo rota que pueda estar.

Con este libro me he encontrado muchas veces llorando sin darme cuenta, con el corazón en un puño, apretando las manos... sin saber lo que hacer porque inevitablemente he sentido empatía por cada uno de sus peronajes. Me lo he creído todo, de arriba a abajo, y esto solo se consigue de una manera: escribiendo como lo hace Alejandro Palomas. Con el corazón.

Muchas gracias por descubrirme a estos personajes, a los que guardaré siempre cerca de mí. Primera novela del año, y me atrevo que va a ser una de las lecturas que encabece mis lecturas de 2016.







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